
El día anterior ya habían hecho los preparativos para una salida de dos días.
Algo más temprano de lo habitual, salieron de la pensión camino de la Abadía de Montmajour, ya estaban cerca cuando se detuvieron a contemplar la torre fortificada, la silueta de la iglesia en ruinas y el palacio del siglo XVIII.
Algo más temprano de lo habitual, salieron de la pensión camino de la Abadía de Montmajour, ya estaban cerca cuando se detuvieron a contemplar la torre fortificada, la silueta de la iglesia en ruinas y el palacio del siglo XVIII.

En esta ocasión les acompañaba un muchacho de 25 años era el subteniente Milliet, también un aficionado a la pintura, Vincent había comentado a Anton que a Milliet no le gustaba mucho su pintura cosa que a el no le importaba demasiado… aunque según le comentó más tarde Milliet, Vincent era encantador cuando estaba de buenas, aunque demasiado variable, muy nervioso, furioso cuando yo emito una crítica sobre su pintura pero al final hacemos las paces, tiene fe en su talento, es orgulloso, mala salud, se queja del estómago, pero es un buen camarada.
Llegamos a Montmajour, al viejo jardín, grandes cañas, viñas, hiedra, higueras, olivos, granados de gruesas flores del más vivo anaranjado, cipreses centenarios, fresnos y sauces, encinas de las rocas, escaleras derribadas a medias, bloques de peñascos blancos cubiertos de liquen y trozos de muro desplomado esparcido de trecho en trecho por la verdura.
Subieron a unas piedras desde donde se divisaba la llanura de la Grau, allí estuvieron un rato dibujando, a media tarde Milliet les dejó pues tenia que estar por la noche en Arlés así que le acompañaron un rato, llegando a las higueras cogieron unos excelentes higos que se comieron sentados en la sombra, al lado de la acequia.
Subieron a unas piedras desde donde se divisaba la llanura de la Grau, allí estuvieron un rato dibujando, a media tarde Milliet les dejó pues tenia que estar por la noche en Arlés así que le acompañaron un rato, llegando a las higueras cogieron unos excelentes higos que se comieron sentados en la sombra, al lado de la acequia.

Vincent siguió hablando de su soledad y del trabajo.
V-Creo que el calor me hace bien, a pesar de los mosquitos y de las moscas. Cuando vuelvo de una sesión como esta, te aseguro que tengo el cerebro fatigado que si ese trabajo se renovara seguido, me volvería absolutamente un abstraído e incapaz de una porción de cosas ordinarias; en este momento, la perspectiva de estar solo no me es desagradable.
V-Trabajo hasta tener que pensar en mil cosas a la vez en una sola media hora, después lo único que me alivia y distrae es aturdirme bebiendo una copa o fumando mucho.
Anton una vez más no estaba de acuerdo, había otras distracciones que alivian y distraen... no hace falta recurrir a la bebida.
Y cuando Vincent le dijo.
V-Pienso en este excelente pintor Monticelli, de quien se dice que fue tan bebedor y tan loco ¿Me agradaría mucho ver que hace un bebedor delante de una tela o sobre las tablas.
A-Según la cantidad que haya bebido, si es poco quizás... se entone y pinte de una manera ligera, por decir algo, pero si por el contrario es mucho lo bebido... lo único que apetece es tumbarse y dormir, pues normalmente la bebida te deja aturdido.
V-Lejos de quejarme, es justamente entonces que con la vida artística, aun cuando no sea ni mucho la verdadera, me siento tan feliz como lo podría ser con el ideal de la "vida verdadera"; Hasta ahora la soledad no me ha molestado mucho.
Anton escuchaba pero seguía pensando que a todos nos gusta un momento de soledad pero de vez en cuando necesitamos compañía y ahora según había comprobado por Roulin y Milliet, Vincent se le veía feliz, por el trabajo y también por la compañía.
Siguieron con los apuntes, no tenían prisa, tenían previsto dormir al raso, de esta manera al día siguiente se acercarían a Fontvieille donde continuarían explorando los alrededores.
V-Creo que el calor me hace bien, a pesar de los mosquitos y de las moscas. Cuando vuelvo de una sesión como esta, te aseguro que tengo el cerebro fatigado que si ese trabajo se renovara seguido, me volvería absolutamente un abstraído e incapaz de una porción de cosas ordinarias; en este momento, la perspectiva de estar solo no me es desagradable.
V-Trabajo hasta tener que pensar en mil cosas a la vez en una sola media hora, después lo único que me alivia y distrae es aturdirme bebiendo una copa o fumando mucho.
Anton una vez más no estaba de acuerdo, había otras distracciones que alivian y distraen... no hace falta recurrir a la bebida.
Y cuando Vincent le dijo.
V-Pienso en este excelente pintor Monticelli, de quien se dice que fue tan bebedor y tan loco ¿Me agradaría mucho ver que hace un bebedor delante de una tela o sobre las tablas.
A-Según la cantidad que haya bebido, si es poco quizás... se entone y pinte de una manera ligera, por decir algo, pero si por el contrario es mucho lo bebido... lo único que apetece es tumbarse y dormir, pues normalmente la bebida te deja aturdido.
V-Lejos de quejarme, es justamente entonces que con la vida artística, aun cuando no sea ni mucho la verdadera, me siento tan feliz como lo podría ser con el ideal de la "vida verdadera"; Hasta ahora la soledad no me ha molestado mucho.
Anton escuchaba pero seguía pensando que a todos nos gusta un momento de soledad pero de vez en cuando necesitamos compañía y ahora según había comprobado por Roulin y Milliet, Vincent se le veía feliz, por el trabajo y también por la compañía.
Siguieron con los apuntes, no tenían prisa, tenían previsto dormir al raso, de esta manera al día siguiente se acercarían a Fontvieille donde continuarían explorando los alrededores.
Las cigarras fueron dejando el canto para el día siguiente mientras el cielo se fue llenando de estrellas. Se sentaron en unas rocas y Vincent encendió la última pipa del día, se quedaron un buen rato sin hablar, disfrutando del momento...
Entraba la noche cuando por un sendero adentrándose en la campiña encontraron unas gavillas de paja las juntaron y allí decidieron pasar la noche.
Al día siguiente una bandada de pájaros hizo que dejaran el sueño y volvieran a la realidad. Se levantaron mientras estiraban su cuerpo. Como cada mañana fueron en busca de agua que corría por una acequia cercana y allí se lavaron la cara. Después marcharon andando por el camino hacia Fontvieille pasaron cerca del Mont de Cordes (pequeña montaña, recortada y chata erosionada por el viento), el sol arrojaba rayos amarillos sobre los matorrales y el terreno, según Vincent, una verdadera lluvia de oro. Pasaron campos hasta las primeras casas de Fontvieille, en los margenes del camino crecen los lirios, varas verdes y alargadas con flores azules y blancas.
Entraba la noche cuando por un sendero adentrándose en la campiña encontraron unas gavillas de paja las juntaron y allí decidieron pasar la noche.
Al día siguiente una bandada de pájaros hizo que dejaran el sueño y volvieran a la realidad. Se levantaron mientras estiraban su cuerpo. Como cada mañana fueron en busca de agua que corría por una acequia cercana y allí se lavaron la cara. Después marcharon andando por el camino hacia Fontvieille pasaron cerca del Mont de Cordes (pequeña montaña, recortada y chata erosionada por el viento), el sol arrojaba rayos amarillos sobre los matorrales y el terreno, según Vincent, una verdadera lluvia de oro. Pasaron campos hasta las primeras casas de Fontvieille, en los margenes del camino crecen los lirios, varas verdes y alargadas con flores azules y blancas.
Llegaron a unas viñas, al fondo se divisaba el molino de Daudet ( Cartas desde mi molino, es una colección de relatos escritos por Alphonse Daudet y publicados en diferentes diarios franceses entre 1866 y 1874.) Vincent decidió quedarse y realizar una acuarela, mientras Antón se adentró en el bosquecillo detrás del molino. Veía las cigarras posadas en los troncos de los pinos, mientras su canto se multiplicaba por todos los rincones. Vio senderos y también canales donde el agua corría con prisa, con deseos de llegar, como si alguien la estuviera esperando. En lo más espeso del bosque grandes rocas blancas y azul claro, al lado y desde el suelo la hiedra trepaba por los troncos para alcanzar la luz que se filtraba entre los árboles. Dando un rodeo regresó hasta el molino, allí seguía Vincent dibujando, se acercó y sin entender porqué, le hizo el siguiente comentario.
V-No encuentro aquí la alegría Meridional de que tanto habla Daudet, al contrario una gracia insípida.
Era por la tarde y empezaban a estar cansados así que decidieron ir a la estación de postas y coger la diligencia hacia Arlés, el camino de más de media hora acabo de cansarlos así que llegando a la pensión se fueron directos a la cama. (continua-Entradas antiguas)
1 comentario:
No se que pasa que no va mi anterior post. Bueno, te comento: Me ha gustado leer tu post, a veces me he planteado que sería realmente sorprendente poder realizar viajes al pasado y poder conocer a personas y lugares que el paso del tiempo no nos ha permitido descubrir. Yo quisiera conocer a varias personas pero sin duda Vincent sería una de ellas. LE preguntaría muchisimas cosas. Yo lo llevo estudiando desde hace años (su vida y obra) y a medida que lo hago más me entusiasma y más quiero aprender sobre el. Creo que si lo tuviese frente a mi le preguntaría unas 50 cosas a la vez, (o tal vez más...)Bueno como no será posible hacerlo yo me conformo con dedicarle mi blog y mi tiempo libre a concoerlo y a descubrir dia a dia quien fué y que nos quiso transmitir..Volveré a visitar tu blog y siempre serás bien recibido en el mio. Un saludo!
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