
Estaba con los ojos cerrados cuando empezó a dejar de sentir de una manera nítida la música clásica que sonaba en el ambiente, esta se iba mezclando con otra clase de música, ruidos y voces cada vez más perceptibles, voces de personas, rechinar de ruedas metálicas; le pareció oír a alguien gritar.
Ya había abierto los ojos y empezaba a ver poco a poco la luz, se incorporó del asiento de madera que formaba parte del recinto en que se encontraba, se acerco a la ventana, la abrió de par en par, el humo lo invadía todo, esperó que este le dejara ver y fue en ese momento cuando un señor con traje y gorra de visera y con una bandera en la mano decía...
-¡estación de Arlés! ¡Parada, cinco minutos!
Ahora ya sabia que se encontraba en un tren y en la estación de Arlés, cerró la ventana, cogió la mochila, el macuto, salió al pasillo, fue caminando hasta la puerta, la abrió y a continuación bajó.
Ya estaba en él anden y a pesar de lo temprano que era se presagiaba un día precioso, el sol había salido y la estación a estas horas empezaba a tener movimiento, fueron subiendo personas, pronto partiría el tren, era domingo y es costumbre y tradición "ir bien vestidos" por lo que había personas muy elegantes y otros aunque con ropa modesta se notaba que no eran las de diario.
El jefe de la estación tocaba el silbato a la par que levantaba la bandera dando salida al tren dirección a Tarascón, la máquina se puso en marcha seguida de los vagones, mientras una columna de humo salía de la chimenea subiendo hacia lo alto hasta que el tren cogiendo velocidad llenaba de humo y ruido los andenes de la estación.
Anton estaba pendiente de todo lo que sucedía a su alrededor, una vez marchó el tren la estación quedo despejada, habían casas al otro lado de la vía, la mayoría pequeñas, huertos... árboles frutales; almendros, alguna higuera, olivos, tomates y verduras, a lo lejos campos de trigo, a la izquierda se dibuja la silueta de la torre fortificada de la abadía de Montmajour, a la derecha al sureste de Arlés la llanura de la Crau, el monte de Cordes y al fondo la montaña de les Alpilles.
Estaba admirando el paisaje cuando se percató de los carruajes que esperaban en la explanada de la estación, carros y caballos esperando para hacer el trayecto a algún cercano lugar, unos iban hacia la ciudad y otros recorrían los caminos hasta los pueblos cercanos, aquellos pueblos que la línea férrea y por motivo del trazado siempre dejaba abandonados, también a las "masías" y aldeas de la zona.
Entró en la cantina y se tomó un café, habló un rato con el camarero y...ya cogió la mochila, se la echó a la espalda, el macuto se lo puso en bandolera, sus pasos le fueron llevando por un camino de huertos, se cruzó con pocas personas hasta que llegó al paseo que transcurre paralelo al río, se paró y estuvo admirando la amplitud y grandeza del Ródano, miró a lo lejos la silueta del puente de Trinquetaille observo durante un rato las barcazas que transportando material subían y bajaban por el río, mientras, atracada en el muelle, de otra barcaza unos obreros sucios de hollín descargaban carbón valiéndose de una carretilla y pasando por encima de unos tablones.
Ya había abierto los ojos y empezaba a ver poco a poco la luz, se incorporó del asiento de madera que formaba parte del recinto en que se encontraba, se acerco a la ventana, la abrió de par en par, el humo lo invadía todo, esperó que este le dejara ver y fue en ese momento cuando un señor con traje y gorra de visera y con una bandera en la mano decía...
-¡estación de Arlés! ¡Parada, cinco minutos!
Ahora ya sabia que se encontraba en un tren y en la estación de Arlés, cerró la ventana, cogió la mochila, el macuto, salió al pasillo, fue caminando hasta la puerta, la abrió y a continuación bajó.
Ya estaba en él anden y a pesar de lo temprano que era se presagiaba un día precioso, el sol había salido y la estación a estas horas empezaba a tener movimiento, fueron subiendo personas, pronto partiría el tren, era domingo y es costumbre y tradición "ir bien vestidos" por lo que había personas muy elegantes y otros aunque con ropa modesta se notaba que no eran las de diario.
El jefe de la estación tocaba el silbato a la par que levantaba la bandera dando salida al tren dirección a Tarascón, la máquina se puso en marcha seguida de los vagones, mientras una columna de humo salía de la chimenea subiendo hacia lo alto hasta que el tren cogiendo velocidad llenaba de humo y ruido los andenes de la estación.
Anton estaba pendiente de todo lo que sucedía a su alrededor, una vez marchó el tren la estación quedo despejada, habían casas al otro lado de la vía, la mayoría pequeñas, huertos... árboles frutales; almendros, alguna higuera, olivos, tomates y verduras, a lo lejos campos de trigo, a la izquierda se dibuja la silueta de la torre fortificada de la abadía de Montmajour, a la derecha al sureste de Arlés la llanura de la Crau, el monte de Cordes y al fondo la montaña de les Alpilles.
Estaba admirando el paisaje cuando se percató de los carruajes que esperaban en la explanada de la estación, carros y caballos esperando para hacer el trayecto a algún cercano lugar, unos iban hacia la ciudad y otros recorrían los caminos hasta los pueblos cercanos, aquellos pueblos que la línea férrea y por motivo del trazado siempre dejaba abandonados, también a las "masías" y aldeas de la zona.
Entró en la cantina y se tomó un café, habló un rato con el camarero y...ya cogió la mochila, se la echó a la espalda, el macuto se lo puso en bandolera, sus pasos le fueron llevando por un camino de huertos, se cruzó con pocas personas hasta que llegó al paseo que transcurre paralelo al río, se paró y estuvo admirando la amplitud y grandeza del Ródano, miró a lo lejos la silueta del puente de Trinquetaille observo durante un rato las barcazas que transportando material subían y bajaban por el río, mientras, atracada en el muelle, de otra barcaza unos obreros sucios de hollín descargaban carbón valiéndose de una carretilla y pasando por encima de unos tablones.
Siguió el camino y enseguida llego a la explanada de la plaza Lamartine, se fijó en los jardines pero la mirada se le iba hacia la casa amarilla, allí estaba; se acercó a la puerta y estuvo un rato mirando, pasaron algunas personas, vió una que venía de lejos y creyó reconocerlo, aunque no llevaba puesto el uniforme le resultaba conocido sobretodo por la gran barba de patriarca que lucía, a medida que se acercaba imaginándoselo con el uniforme se reafirmaba su intuición...¡era el cartero Roulin!. (Buscó rápidamente una excusa). Una vez estuvo a su altura, dirigiéndose a él le preguntó.

A-¡Perdone! estoy de paso por la zona, he llegado esta mañana en el tren de las siete treinta y he preguntado en la cantina si conocían o sabían el paradero de algún pintor y me hablaron de uno que tiene estudio en una casa amarilla de la plaza Lamartine... ¿sabe usted si es ésta la casa?
R-¡si! La casa es ésta pero, vivir no vive aquí todavía, este es el estudio del señor Van Gogh de momento reside en una pensión no muy lejos, tiene previsto trasladarse a principio de septiembre, ahora en estos momentos se encuentra de viaje, a unos treinta kilómetros en Saintes Maries de la Mer, pero llegará si no cambia de idea esta misma tarde.
R-¡si! La casa es ésta pero, vivir no vive aquí todavía, este es el estudio del señor Van Gogh de momento reside en una pensión no muy lejos, tiene previsto trasladarse a principio de septiembre, ahora en estos momentos se encuentra de viaje, a unos treinta kilómetros en Saintes Maries de la Mer, pero llegará si no cambia de idea esta misma tarde.
A-¡gracias! Si no es mucho pedir me podría decir donde se encuentra la pensión que se aloja el señor Van Gogh pues voy a quedarme unos días por aquí y necesito una habitación.
R-no es ninguna molestia, me coje de camino.
La pensión restaurant Carrel estaba situada en la calle Cavalerie nº30, estaba cerca y en seguida llegaron, no obstante tuvo tiempo de comprobar que el señor Roulin era de esa clase de persona amable y desinteresada dispuesto siempre a hacer un favor, algo que Anton siempre apreciaba de los amigos.
Llegaron a la pensión, entraron y el señor Roulin hizo las presentaciones, les dijo que Anton era compañero de Vincent, que había venido para pasar unos días con él y que necesitaba alojamiento, el encargado le ofreció una habitación en la planta alta, cerca de la de Vincent, fue rápido el acuerdo así que una vez realizados los trámites, acompañó al señor Roulin a la puerta y le hizo un último comentario.
A-Creo que no me equivoco pensando que conoce y aprecia al señor Van Gogh?
R-por supuesto que sí, siendo él persona que recibe bastante correspondencia y debido a mi profesión de cartero, lo veo muchas veces y sobre todo en estos últimos días que ha estado pintando a mi familia.
A-le digo esto porque no se como se tomara el señor Van Gogh que yo me interese por él y su obra, aunque soy bastante prudente no quisiera molestar, ¿cree usted que podrá recibirme?
R-debo decirle que es un ser un tanto especial, cuando está con nosotros es una persona encantadora pero cuando empieza a pintar se transforma, se abstrae de tal manera, que solo existe él y su trabajo. Quizás sea la soledad en que vive el compromiso adquirido con su hermano Theo, la fijación por demostrar que es digno del apoyo del dinero que su hermano le envía cada mes, está convencido que su obra es buena, quiere triunfar, cree en lo que hace pero se atormenta cuando los demás no aprecian aunque sea minimamente sus estudios; por eso creo yo que su interés por conocerlo y sobre todo interesarse por su obra le hará bien; últimamente lo veo (bajo mi punto de vista) demasiado aturdido, muy obsesionado por su trabajo... después llega a casa, apenas come, sale al café y vuelve más tarde ya de noche... la mayoría de veces bebido.
R-De todas maneras, ¡repito! estoy convencido que el señor Van Gogh le hará muy feliz poder compartir unos días con usted; si lo desea y le va bien esta tarde podemos ir a recibir la diligencia que trae al señor Van Gogh de la Camargue, una vez llege, yo se lo presentare.
A-es usted muy amable, será estupendo, ¡muchas gracias de nuevo!
R-no se preocupe, a las cinco menos cuarto me tiene aquí.
A- ¡de acuerdo!... (Y, le estiró la mano "pa que apretara").
Entró de nuevo al restaurant y el encargado le dió la llave.
-es la nº6, de la última planta, ¿quiere que le acompañe?
A-¡no!, no hace falta, gracias.
R-no es ninguna molestia, me coje de camino.
La pensión restaurant Carrel estaba situada en la calle Cavalerie nº30, estaba cerca y en seguida llegaron, no obstante tuvo tiempo de comprobar que el señor Roulin era de esa clase de persona amable y desinteresada dispuesto siempre a hacer un favor, algo que Anton siempre apreciaba de los amigos.
Llegaron a la pensión, entraron y el señor Roulin hizo las presentaciones, les dijo que Anton era compañero de Vincent, que había venido para pasar unos días con él y que necesitaba alojamiento, el encargado le ofreció una habitación en la planta alta, cerca de la de Vincent, fue rápido el acuerdo así que una vez realizados los trámites, acompañó al señor Roulin a la puerta y le hizo un último comentario.
A-Creo que no me equivoco pensando que conoce y aprecia al señor Van Gogh?
R-por supuesto que sí, siendo él persona que recibe bastante correspondencia y debido a mi profesión de cartero, lo veo muchas veces y sobre todo en estos últimos días que ha estado pintando a mi familia.
A-le digo esto porque no se como se tomara el señor Van Gogh que yo me interese por él y su obra, aunque soy bastante prudente no quisiera molestar, ¿cree usted que podrá recibirme?
R-debo decirle que es un ser un tanto especial, cuando está con nosotros es una persona encantadora pero cuando empieza a pintar se transforma, se abstrae de tal manera, que solo existe él y su trabajo. Quizás sea la soledad en que vive el compromiso adquirido con su hermano Theo, la fijación por demostrar que es digno del apoyo del dinero que su hermano le envía cada mes, está convencido que su obra es buena, quiere triunfar, cree en lo que hace pero se atormenta cuando los demás no aprecian aunque sea minimamente sus estudios; por eso creo yo que su interés por conocerlo y sobre todo interesarse por su obra le hará bien; últimamente lo veo (bajo mi punto de vista) demasiado aturdido, muy obsesionado por su trabajo... después llega a casa, apenas come, sale al café y vuelve más tarde ya de noche... la mayoría de veces bebido.
R-De todas maneras, ¡repito! estoy convencido que el señor Van Gogh le hará muy feliz poder compartir unos días con usted; si lo desea y le va bien esta tarde podemos ir a recibir la diligencia que trae al señor Van Gogh de la Camargue, una vez llege, yo se lo presentare.
A-es usted muy amable, será estupendo, ¡muchas gracias de nuevo!
R-no se preocupe, a las cinco menos cuarto me tiene aquí.
A- ¡de acuerdo!... (Y, le estiró la mano "pa que apretara").
Entró de nuevo al restaurant y el encargado le dió la llave.
-es la nº6, de la última planta, ¿quiere que le acompañe?
A-¡no!, no hace falta, gracias.

Cogió la mochila, subía por la escalera y pasando la primera planta se llevó otra sorpresa encontró el rellano y la propia escalera repleta de telas... una verdadera labor. Estaba maravillado, había muchos estudios, vio un cielo cargado de nubes, una tormenta, un puente de madera con lavanderas en la orilla y una ciudad al fondo, campos cerca de la ciudad, bodegones y muchos cuadros amontonados que posiblemente ya estarían secos antes de marchar a la Camargue... había otro campo de trigo color oro, amarillo tostado y unos campesinos segando, arriba un sol implacable y un cielo también amarillo, al fondo una franja roja y verde (la ciudad de Arlés) cruzando la franja la silueta oscura de un tren (quizás el mismo que lo había traído esta mañana)dejando tras de sí una blanca y pesada estela de humo. Toda una maravilla. No sabía si le gustaba más el colorido, la manera de trabajar, la composición, el motivo...la sencillez del motivo.

Abrió la puerta de su habitación y una vez dentro dejó la mochila en una silla, había una cama, un pequeño armario, un lavabo con una palangana y un jarro de agua; se dirigió a la ventana y miró apartando los visillo. Fuera, el sol del mediodía estaba en su máximo esplendor. Estuvo un rato ordenando en el armario lo que había traído en la mochila, pensó en salir, dar un paseo por la ciudad y buscar un restaurant donde poder comer, así que cogió de nuevo el macuto y ya se marchó a la calle.
Se interesó por la historia y supo que antiguamente el mar llegaba a las puertas de lo que hoy es la ciudad, el Ródano formaba ciénagas punteadas de pocas islitas rocosas donde los pueblos primitivos de los Lígures tenían su morada, pasaron los Celtas y fue frecuentada por los Fenicios pero fueron los Griegos los que establecieron sus colonias fundando la ciudad de Arlés, más tarde en el año 49 antes de J.C. comenzó el Imperio Romano y fue en esta época cuando fue desarrollando con obras publicas dignas de competir con las más importantes metrópolis del mundo Romano: el teatro, el anfiteatro, un acueducto de 75 Km. que desde les Alpilles abastecía de agua la ciudad, establecimientos termales, almacenes, calles, plazas, fuentes. Arlés guarda aún vivo en sus antiguas piedras el encanto y recuerdo de un noble pasado.
Anton regresó serian las cuatro, estaba algo cansado después de haber recorrido parte de la ciudad y el parque público, se mezcló con sus habitantes comprobando también la fama y belleza de sus mujeres.
Una vez en la habitación descansó un rato, más tarde se incorporó llenó de agua fresca la palangana pues hacia mucha calor y sé estuvo refrescando, cogió el macuto y salió a la escalera, otra vez miró los cuadros...hasta que de un sitio cercano, un reloj tocó tres cuartos.
Bajaba las escaleras cuando oyó al señor Roulin conversar con el conserje.
A-Hola buenas tardes ¿hace mucho que espera?
R-¡No!, acabo de llegar ¿cuando quieras marchamos?
A-Muy bien ¡marchemos!
Se interesó por la historia y supo que antiguamente el mar llegaba a las puertas de lo que hoy es la ciudad, el Ródano formaba ciénagas punteadas de pocas islitas rocosas donde los pueblos primitivos de los Lígures tenían su morada, pasaron los Celtas y fue frecuentada por los Fenicios pero fueron los Griegos los que establecieron sus colonias fundando la ciudad de Arlés, más tarde en el año 49 antes de J.C. comenzó el Imperio Romano y fue en esta época cuando fue desarrollando con obras publicas dignas de competir con las más importantes metrópolis del mundo Romano: el teatro, el anfiteatro, un acueducto de 75 Km. que desde les Alpilles abastecía de agua la ciudad, establecimientos termales, almacenes, calles, plazas, fuentes. Arlés guarda aún vivo en sus antiguas piedras el encanto y recuerdo de un noble pasado.
Anton regresó serian las cuatro, estaba algo cansado después de haber recorrido parte de la ciudad y el parque público, se mezcló con sus habitantes comprobando también la fama y belleza de sus mujeres.
Una vez en la habitación descansó un rato, más tarde se incorporó llenó de agua fresca la palangana pues hacia mucha calor y sé estuvo refrescando, cogió el macuto y salió a la escalera, otra vez miró los cuadros...hasta que de un sitio cercano, un reloj tocó tres cuartos.
Bajaba las escaleras cuando oyó al señor Roulin conversar con el conserje.
A-Hola buenas tardes ¿hace mucho que espera?
R-¡No!, acabo de llegar ¿cuando quieras marchamos?
A-Muy bien ¡marchemos!
Caminaron y enseguida llegaron a la parada. Pasaban ya las cinco cuando apareció la diligencia. Anton a pesar de ser tranquilo estaba algo nervioso (le preocupaba la reacción que pudiera tener Vincent ¿cómo se lo tomaría?).

R-ya lo veo ¡hay esta! el señor Vincent Van Gogh
Paró la diligencia, ataron los caballos, aseguraron los frenos y ya se abrieron las puertas.
Bajaron varias personas y... una de ellas no cabía confusión, vestido como un obrero, pantalón y blusa ancha, manchado por mil colores, sombrero de paja grande de pastor de la Camargue, el pelo rojo, corto y de punta, espalda un tanto encorvada, muy moreno, la cara quizás vulgar y llena de pecas.
Nos acercamos y esbozó una sonrisa...
V-Señor Roulin ¡que alegría verlo aquí!
R-hemos venido a esperarle y ayudarle con el equipaje, le presento a Anton Folguera, está de paso y ha comentado que deseaba conocerlo.
V-bueno eso es estupendo.
A-He visto las pinturas que tiene en la pensión y me parecen muy buenas (los dos se estrecharon la mano)
V-De momento son simples estudios espero hacer algo mejor, de todas maneras antes me sentía menos pintor, la pintura se me vuelve ahora una distracción como la caza de conejos para los aburridos, que lo hacen para distraerse.
A- estoy de acuerdo, el trabajo no tiene porque ser aburrido y si encima se disfruta con ello mucho mejor.
V-entonces es por esto que me atrevo a asegurarte que mi pintura será cada vez mejor. Porque no tengo más que esto...La atención se vuelve más intensa, la mano más segura.
R-perdona que te interrumpa ¿cómo te ha ido por la Camargue?
V-ahora te explico, deja que coja primero el equipaje (fue sacando el caballete, un macuto grande con pertenencias, tres cuadros y una carpeta, se repartieron el peso y marcharon hacia la pensión)
V-esta mañana temprano, he hecho el dibujo de unas barcas (en una hora).Era antes que las barcas zarparan, yo había observado todas las otras mañanas, pero como parten muy temprano no había tenido tiempo de hacerlo. En total llevo hecho tres estudios y más o menos once dibujos.
R-ya lo veo ¡hay esta! el señor Vincent Van Gogh
Paró la diligencia, ataron los caballos, aseguraron los frenos y ya se abrieron las puertas.
Bajaron varias personas y... una de ellas no cabía confusión, vestido como un obrero, pantalón y blusa ancha, manchado por mil colores, sombrero de paja grande de pastor de la Camargue, el pelo rojo, corto y de punta, espalda un tanto encorvada, muy moreno, la cara quizás vulgar y llena de pecas.
Nos acercamos y esbozó una sonrisa...
V-Señor Roulin ¡que alegría verlo aquí!
R-hemos venido a esperarle y ayudarle con el equipaje, le presento a Anton Folguera, está de paso y ha comentado que deseaba conocerlo.
V-bueno eso es estupendo.
A-He visto las pinturas que tiene en la pensión y me parecen muy buenas (los dos se estrecharon la mano)
V-De momento son simples estudios espero hacer algo mejor, de todas maneras antes me sentía menos pintor, la pintura se me vuelve ahora una distracción como la caza de conejos para los aburridos, que lo hacen para distraerse.
A- estoy de acuerdo, el trabajo no tiene porque ser aburrido y si encima se disfruta con ello mucho mejor.
V-entonces es por esto que me atrevo a asegurarte que mi pintura será cada vez mejor. Porque no tengo más que esto...La atención se vuelve más intensa, la mano más segura.
R-perdona que te interrumpa ¿cómo te ha ido por la Camargue?
V-ahora te explico, deja que coja primero el equipaje (fue sacando el caballete, un macuto grande con pertenencias, tres cuadros y una carpeta, se repartieron el peso y marcharon hacia la pensión)
V-esta mañana temprano, he hecho el dibujo de unas barcas (en una hora).Era antes que las barcas zarparan, yo había observado todas las otras mañanas, pero como parten muy temprano no había tenido tiempo de hacerlo. En total llevo hecho tres estudios y más o menos once dibujos.
A-Mañana, si te parece, porque hoy estamos todos cansados, mañana si quieres, me gustaría que me enseñaras tus trabajos.
V-¡cuando quieras! siempre estoy dispuesto a hablar de pintura ¿cuanto tiempo vas a estar por Arlés?
A-tengo previsto una semana, quisiera conocer esta parte del "Mediodía" y si no te importa me gustaría compartirlos contigo; antes de nada te pido que si por tu parte piensas o crees que puedo ser un estorbo me lo digas, de todas maneras podrás comprobar que soy persona que respeta a los demás, pero repito y suponiendo que estés de acuerdo, si en algún momento te sientes agobiado, te pido por favor que me lo digas.
V-posiblemente en este momento sea algo beneficioso para mi pues me tomo el trabajo de manera desenfrenada, quizás, si estuviera acompañado sentiría menos la necesidad, o más bien trabajaría en cosas más complicadas. Todos los días sucede lo mismo; al pasar encuentro cosas tan bellas que, en fin a pesar de todo hay que tratar de hacerlas.
A- pero eso es estupendo, tú ves sencillez y belleza donde la mayoría no ve nada. Creo sinceramente que vas por el buen camino, si en algo puedo ayudarte estos días y lo digo "moralmente" compartamos la soledad pero sigue por tu camino. He visto uno de tus cuadros, simplemente un tronco de un tejo viejo y al fondo un campo labrado. ¡Esto! solo lo pintas tú, ¿para qué, las cosas complicadas?... si esto solo ya hace vibrar.
Llegaron a la pensión y el señor Roulin se despidió, Anton y Vincent siguieron hablando.
A-¡me parece un buen hombre el señor Roulin!
V-¡si que lo es! Se considera un buen Republicano pero detesta cordialmente la república de que gozamos, y porque, en suma, duda un poco y está desencantado de la idea misma republicana.
A-bueno eso nos pasa a muchos, uno se hace la idea y luego los políticos van por otro camino, se alejan del ciudadano o por lo menos de algunos ciudadanos.

V-le hice un retrato vestido de cartero, con uniforme azul engalanado de oro, gran barbudo, un hombre más interesante que muchas personas.
A-¿se prestó a que le hicieras el retrato? ¿Tuviste que pagarle algo a cambio? No es que me importe mucho, es simple curiosidad.
V-el buen hombre no aceptó dinero, pero ¡era más caro comiendo!
Los dos se echaron a reír, como todas las personas cuando ríen, les cambia la cara y ahora Vincent estaba sonriendo...como diría Antón Folguera, la sonrisa siempre es algo positivo. Creo que el hecho de sonreír le cogió de sorpresa a Vincent, era algo que no estaba acostumbrado.
V-no solamente mis cuadros, si no yo mismo sobre todo en estos últimos tiempos, me he vuelto huraño; solo que, habiéndome hecho afeitar cuidadosamente toda la barba, creo que tengo tanto de abad sereno como de pintor loco.
A-Te parece que nos veamos más tarde ¿quizás podamos cenar algo?
V-ahora me encuentro en un mal momento, mi dinero se terminó pronto, estoy con 23 cafés y pan que dejé a deber durante 4 días, estuve desesperado por ver mis cuadros enmarcados, también hoy volveré a arruinarme, porque debo comprar tela y prepararla yo mismo.
A-por eso no te preocupes hoy te invito yo, mañana ya veremos, ahora si quieres te acompaño a comprar la tela y te ayudo a enmarcarlos pues es algo que como trabajador se me da bastante bien.
Vincent estaba experimentando algo que había descartado de la sociedad, un desconocido le brindaba ayuda y compañía, de nuevo le cambió el semblante.
Acordaron dejar todas las pertenencias en la habitación de Vincent, habitación que como imaginaba Antón estaba repleta de cuadros, dibujos y tubos de colores. No quiso entretenerse, debido a la hora que era tenían que ir a comprar, cerraron la puerta cuando en ese momento los dos se percataron de algo que es norma en nuestra sociedad...los domingos por "norma general" la mayoría de tiendas están cerradas.
Antón lo achacó todo a los acontecimientos del día, el era una persona tranquila pero hoy fueron muchas emociones seguidas, la estación, el tren, la gente, las casitas, los huertos, la campiña, les alpilles, la diligencia, los carros, Arlés, el Ródano, la casa amarilla, Roulin, Vincent, los cuadros, los dibujos y sobre todo la propuesta para el próximo día.
Por la mañana harían una salida por la llanura de la Grau y a última hora del día y una vez en la ciudad irían a comprar la tela para seguidamente preparar algunos lienzos.
A-¿se prestó a que le hicieras el retrato? ¿Tuviste que pagarle algo a cambio? No es que me importe mucho, es simple curiosidad.
V-el buen hombre no aceptó dinero, pero ¡era más caro comiendo!
Los dos se echaron a reír, como todas las personas cuando ríen, les cambia la cara y ahora Vincent estaba sonriendo...como diría Antón Folguera, la sonrisa siempre es algo positivo. Creo que el hecho de sonreír le cogió de sorpresa a Vincent, era algo que no estaba acostumbrado.
V-no solamente mis cuadros, si no yo mismo sobre todo en estos últimos tiempos, me he vuelto huraño; solo que, habiéndome hecho afeitar cuidadosamente toda la barba, creo que tengo tanto de abad sereno como de pintor loco.
A-Te parece que nos veamos más tarde ¿quizás podamos cenar algo?
V-ahora me encuentro en un mal momento, mi dinero se terminó pronto, estoy con 23 cafés y pan que dejé a deber durante 4 días, estuve desesperado por ver mis cuadros enmarcados, también hoy volveré a arruinarme, porque debo comprar tela y prepararla yo mismo.
A-por eso no te preocupes hoy te invito yo, mañana ya veremos, ahora si quieres te acompaño a comprar la tela y te ayudo a enmarcarlos pues es algo que como trabajador se me da bastante bien.
Vincent estaba experimentando algo que había descartado de la sociedad, un desconocido le brindaba ayuda y compañía, de nuevo le cambió el semblante.
Acordaron dejar todas las pertenencias en la habitación de Vincent, habitación que como imaginaba Antón estaba repleta de cuadros, dibujos y tubos de colores. No quiso entretenerse, debido a la hora que era tenían que ir a comprar, cerraron la puerta cuando en ese momento los dos se percataron de algo que es norma en nuestra sociedad...los domingos por "norma general" la mayoría de tiendas están cerradas.
Antón lo achacó todo a los acontecimientos del día, el era una persona tranquila pero hoy fueron muchas emociones seguidas, la estación, el tren, la gente, las casitas, los huertos, la campiña, les alpilles, la diligencia, los carros, Arlés, el Ródano, la casa amarilla, Roulin, Vincent, los cuadros, los dibujos y sobre todo la propuesta para el próximo día.
Por la mañana harían una salida por la llanura de la Grau y a última hora del día y una vez en la ciudad irían a comprar la tela para seguidamente preparar algunos lienzos.
Salieron a cenar y Vincent lo llevo a la Place du Forum, según él, el lugar más animado de las noches de Arlés.
No hay comentarios:
Publicar un comentario