
Amaneció otro día espléndido, Vincent le explicaba que hace poco había pintado una vista del Ródano. El puente de hierro de Trinquetaille, donde el cielo y el río de color ajenjo, los andenes de un tono lila, las personas acodadas en el parapeto, negruzcas, el puente de hierro de un azul intenso, con una nota anaranjada viva y otra verde veronés intenso en el fondo azul.
Caminaron hacia las afueras de la ciudad, pasaron junto a las acequias cuya agua recorre los campos formando un sistema de canalizaciones.
Caminaron hacia las afueras de la ciudad, pasaron junto a las acequias cuya agua recorre los campos formando un sistema de canalizaciones.

Alrededor de los canales abundan las cañas, cañas que Vincent utilizaba para sus apuntes, según le dijo a Anton las cañas de Arlés son más buenas que las de Holanda, la caña permite facilidad y rapidez en el dibujo. Anton eligió y cogió una de ellas, las fue cortando por los nudos y se hizo unas cuantas plumas. Pasaron por un puente de madera, abajo en la orilla un lavadero y al fondo la ciudad de Arlés.
Iban dibujando de un sitio a otro. Vincent comentaba que quizás todo el mundo iba a encontrar que trabaja muy rápido, a lo que el mismo respondía, quizás sean ellos los que lo vean demasiado rápido.
V-¿No es la emoción, la sinceridad del sentimiento de la naturaleza, lo que nos lleva?...y aunque esas emociones sean tan fuertes que se trabaja sin sentir, cuando a veces los toques vienen uno detrás de otro como las palabras de un discurso o de una carta, es preciso recordar entonces que esto no ha sido siempre así, y que en el porvenir habrá también días pesados sin inspiración. Así pues, hay que batir el hierro mientras esté caliente y poner de lado las barras forjadas.
V-Trabajar ligero no es trabajar menos seriamente, esto depende del aplomo que se tiene y de la experiencia, la atención se vuelve más intensa, la mano más segura, entonces es por esto que me atrevo a asegurar que mi pintura será cada vez mejor. Porque no tengo más que esto…
A-Estoy de acuerdo, muchas veces los mejores cuadros son aquellos que se han hecho de una manera más rápida, sin entretenerse en los detalles, pintando con una visión global de la composición, poniendo la luz allí donde la necesita, captando como los impresionistas el momento, sin dejar espacio de tiempo para que se desplacen las sombras.
Siguieron caminando y dibujando hasta bien entrada la tarde.

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