
Vincent hoy estaba desanimado, no sabemos si por la pronta partida de Anton o por las noticias de su hermano (no conseguía vender ninguno de sus cuadros)
V- Ahora me encuentro decididamente mejor de salud; pero la esperanza el deseo de triunfar está quebrantado, trabajo por necesidad, por no sufrir tanto moralmente, para distraerme. Aun habiendo hecho una cincuentena de dibujos o estudios, me parece no haber hecho absolutamente nada.
A-Yo no soy nadie para decírtelo pero creo que tu obra es estupenda y muy original, no dudes que algún día será reconocida y admirada por muchas personas, entiendo que ahora el problema es no poder sacar algún beneficio para seguir viviendo.
Anton pensaba en los ciudadanos de Arlés aquellos que más tarde lo rechazarían y empujarían al internamiento en el manicomio de Saint Remy de Provence y cómo en 14 meses realizó 187 pinturas y más de un centenar de dibujos, ahora pasado los años algunos se benefician de la proyección internacional que dio a esta ciudad.
Vincent le habló de la semana que trascurría.
V- El mundo parece mas alegre, cuando por la mañana, al despertar, ya no nos sentimos solos... es más alegre que los libros piadosos y las paredes de iglesias encaladas...
Anton se acordó del pasado religioso de Vincent y de su padre pastor de la iglesia, le hizo algún comentario a lo que el contestó;
V-Si de algo me arrepiento amargamente es de haberme dejado seducir durante algún tiempo por abstracciones místicas y teológicas, que me ha valido encerrarme exageradamente en mi mismo.
Poco a poco he ido saliéndome de este encierro, el mundo parece ahora más alegre.
Anton, en este instante le vino a la memoria el pastor de cabras y poeta Miguel Hernandez que también en un momento de su joven vida se dejo seducir por la mística religiosa hasta que descubrió "la vida" y escribió un poema lleno de esperanzas revolucionarias.
de la serpiente de las múltiples cúpulas,
donde me consumía con tristeza de lámpara

Vincent le comentó que había llegado a un punto que podía prescindir de Dios pero no de pintar.
Hablaba de la semana entrante, habían preparado bastidores en previsión del trabajo recargado y duro en los trigales, a pleno sol.
El Mistral seguía al igual que las hojas de papel se llenaban de apuntes rápidos que más adelante en otra ocasión se convertirían en otros estudios.
Era mediodía cuando Anton recordó que tenían que marchar hacia la pensión, pues había organizado una despedida con varios amigos entre ellos Roulin, Milliet, Vincent el propio Anton y otro pintor de la zona, comieron todos en el restaurant de la pensión, fue un momento muy agradable, hubo risas, se habló de todo incluso de pintura... de la ciudad de Arlés, de las artesianas, del sol del Mistral.
Llegaba la noche y con ella las despedidas, Anton hizo un último brindis, como era su costumbre deseo salud y felicidad para todos, hubo abrazos y apretadas de manos.
Antes de retirarse a su habitación se acercó a Vincent y le deseó mucha suerte, le dijo que había pasado una semana inolvidable que seguramente volvería en el futuro, recorrería estos mismos caminos estas rocas y estos campos, oiría el canto de las cigarras, pasearía por los canales, seguiría cogiendo cañas para seguir haciéndose plumas... y si todo cambia, porque seguro cambia, siempre me quedaran tus cuadros, quedará este tiempo de luz y de colores, estas composiciones que solo tu sabes hacer. ¡Gracias por la obra que estás realizando!
Vincent le agradeció el tiempo compartido, también que le montara los bastidores, pues una vez amaine el viento tendría unos días frenéticos en los trigales, estaba muy animado; también por la perspectiva de arreglar la casa amarilla y fundar el taller del Midi, una especie de cooperativa con otros pintores, una asociación de artistas, dar sus cuadros a la asociación y repartirse el precio de venta, de esta manera la asociación garantiza la posibilidad de existencia y de trabajo de sus miembros.
Fue entonces cuando se dieron un abrazo, estuvieron un rato sin decir nada y Anton se retiro a su habitación.
Ya era de noche, se metió en la cama, apagó la vela que colocada en un candelabro prendía encima de la mesita, cerró los ojos y poco a poco fue entrando en el lugar reservado al sueño.
Una música, un reclamo, cada vez más perceptible, más claro, abrió los ojos, se dio cuenta que ahora estaba sentado, se iba recuperando la luz, vió la pantalla después el teclado; ahora una voz muy suave le empezaba a dar instrucciones.
-bien venido a la realidad.
-se encuentra usted en Barcelona.
-Quédese sentado unos minutos y mire la pantalla de situación, esta viendo la calle Verdi del barrio de Gracia, relájese, dentro de unos diez minutos se abrirá la puerta a la vez que se enciende la luz del recinto.
-Llegado el momento salga sin prisa y cierre la puerta.
-cualquier duda apriete el botón rojo.
-deseamos haya sido de su agrado y la esperamos para el próximo viaje virtual.
-¡muchas gracias!.
La música siguió sonando hasta que se abrió la luz y la puerta.
Una vez en la calle se quedó un rato sentado en un banco hasta que centrado y situado en el tiempo marchó camino de casa.
Subió la escalera y le abrió su mujer.
-¿qué tal fue?
Anton le explico la maravilla del viaje virtual, sobrepasaba la idea inicial, valía la pena vivirlo. Pero después de todas las explicaciones le dijo.
A-Por mucho que me gusten y admire los cuadros de Vincent Van Gogh pienso que soy un afortunado por tener la vida que tengo "la verdadera" como decía Vincent, tú y los hijos, orgullo y satisfacción... y nuestra mejor "obra".
Agradezco el esfuerzo y sacrificio de Vincent, el legado que nos deja, pero sinceramente con la semana frenética y llena de satisfacciones que he pasado en Arlés... ya tengo suficiente.
Ahora deseo que llegue el día que marchemos de vacaciones una vez más a la Provenza, esta vez a un apartamento entre Saint Remy y el sanatorio de Saint-Paul de Mausolé.
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